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“Limpia, fija y da esplendor”: La Real Academia Española, su Diccionario, y la responsabilidad compartida [Acercamiento normativista]

No abundaré en la importancia que para la vitalidad de una lengua representa la capacidad de incorporar nuevas realidades y voces diferentes. Para los extranjerismos y neologismos puede y debe existir una tolerancia e incluso sincero aplauso cuando vienen a llenar vacíos existentes en nuestro idioma; no obstante, para el barbarismo no puede ni debe existir la más insignificante disculpa.

Pese a lo anterior, hay quienes, al hacerlos ver esos errores cometidos, pretenden defenderse con propugnar el argumento de que la Real Academia Española y su Diccionario de la Lengua Española están anticuados y es preciso revitalizarlos con nuevos vocablos o significados de los ya existentes. Pero este juicio, que en apariencia puede parecer justo y hasta lógico, no lo es, y no lo es debido a que, los que así se expresan, jamás fueron capaces de aportar una sola palabra al idioma y se limitaron a copiar y repetir las malas que otros introdujeron, pero nunca empleando las buenas, viejas o nuevas, que parece les quemaran la lengua el pronunciarlas o les nublase la vista el escribirlas. Ver defectos, reales o supuestos, en la Real Academia Española y en su Diccionario, y grandes virtudes en todo aquello que huele a extranjero, exótico o modernista, es ridículo, además de insincero e injusto. Es más honrado confesar el error, al que otros nos indujeron, que pretenderse escudar en esos supuestos males académicos y, peor aún, ampararse con el "así lo emplean otros o lo escribe Fulano", demostrativo de ignorancia, carencia de inquietudes, falta de carácter, buen sentido y deseos de mejorar culturalmente.

Si la ignorancia puede ser disculpada, esa pretendida sabiduría, que presenta sus errores como aciertos o genialidades, no puede ni debe encontrar disculpa alguna y sí la mayor reprobación. Es cierto que la Academia tiene, en algunos casos, concepciones poco acomodaticias, e incluso anticuadas, y excesivamente modernistas en otros; pero con esas concepciones buenas, regulares o malas - y tienen muchísimo más de lo primero que de lo segundo y tercero - es la Real Academia Española y su Asociación de Academias, con sus razonamientos históricos, filosóficos y culturales, la única y máxima autoridad a la que hemos de prestar acatamiento, sometiéndonos a sus normas, dictados y léxico aprobado. El no hacerlo así es no sólo ir contra la propia Academia, lo que podría ser discutible al tratar de mejorar nuestro idioma ayudándola en su labor, sino ir en contra de  nuestra propia lengua que es lo que todos debemos defender y tratar de conservar pura sin mancha. Abandonar las normas y léxico académico y considerar como bueno todo lo que, ajeno a él ya ella nos venga por buen o mal conducto, es peor que si un enfermo desestimara los consejos del médico y aceptara las indicaciones curativas que podría hacerle

un profano en medicina. Si desacatando la autoridad médica corremos el riesgo de morir, desacatando la autoridad académica es seguro que podemos...matar; matar la lengua española que es el bello legado que nos dejaron muchas generaciones anteriores y que nosotros estamos en el deber de cuidar, pulir y mejorar en todo lo posible para dejarlo aún más bello a las generaciones venideras. A saber el propósito de la Academia Española: “fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza". Debemos mejorar y enriquecer la lengua, pero siempre con nobles materiales y no con esos otros, a veces de derribos, que pueden inficionarla, envilecerla y afearla.

El buen criterio del hablante y leyente, su conocimiento del idioma y el uso del Diccionario de la Lengua Española, le harán ver inmediatamente las palabras que sí puede usar y en qué sentido debe hacerlo. A fin de cuentas, el Diccionario es una guía para todo ser consciente del devenir del idioma, quien tiene que hablar o escribir en castellano, y lo quiere hacer con claridad, precisión y eficacia. Con el mismo Diccionario sólo pretende la Real Academia Española contribuir a los fines antes señalados: propiedad, elegancia y pureza de la lengua española que es lo que los pueblos hispanohablantes deben conservar más celosamente para una mejor comunicación y fomentación de una conciencia cultural.

- Paul Kidhardt, Arizona State University

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